Responsabilidad social empresarialseptiembre 3, 2021por Insight1La evolución del desempeño social en 3, 2, 1: ¿Hacia dónde vamos?

La responsabilidad social empresarial o desempeño social ha evolucionado aceleradamente en los últimos años. ¿En qué etapa está su empresa y lo que hacen? ¿A dónde quisieran llegar?

El concepto de Responsabilidad Social Empresarial se ha ido reemplazando gradualmente por el de Desempeño Social. Este cambio tiene que ver no solamente con el nombre en sí mismo, sino con la evolución de la práctica social de la industria, especialmente la extractiva. Y si nos vamos a los antecedentes de la RSE, la gestión social y el desempeño social, de hecho la evolución ha generado cambios importantes, y no sobra decir que le ha caído bien tanto a las empresas como a las comunidades locales donde se encuentran las operaciones industriales, pues la evolución del concepto y la práctica ha estado estrechamente relacionada con la percepción y la idea que las empresas tienen de dichas comunidades, y de la posición que les dan en los procesos de diálogo, negociación, concertación y gestión del desarrollo. Y, obviamente, esta evolución ha tenido todo que ver con la percepción y la idea que las comunidades locales tienen de sí mismas, y la forma como ejercen sus derechos.

En esta entrada de nuestro blog ofrecemos una mirada a esta evolución en 3, 2,1.

 

3… El modelo basado en la Filantropía:

En la etapa más temprana de la responsabilidad social empresarial, las comunidades eran percibidas y entendidas en tercera persona en oposición a la primera persona, Yo, es decir, representada por el negocio. Esa tercera persona era el otro, él, ella, ellos, e incluso eso: una realidad lejana, caótica, difícil de comprender y de contener, cambiante; en general, un grupo de personas que viven y hacen uso del territorio donde se encuentran los yacimientos y, por tanto, no necesariamente muy benéficas para el objetivo del negocio. Las empresas, hablando honestamente, tendían a poner a las comunidades en un lugar de inferioridad, por lo que no había espacio para la conversación, ni antes ni durante la puesta en marcha del negocio en cualquier territorio. Ahora bien, ese otro diferente y lejano, usualmente está también en una situación de pobreza, lo que motivaba un sentimiento filantrópico para ayudarle a superar la situación de inferioridad, suplir sus necesidades básicas y, por qué no, facilitar la salida de ese otro del área de influencia de los proyectos para poderlos operar con mayor facilidad.

 

Ni qué decir del tipo de filantropía. Un modelo basado exclusivamente en lo que las empresas consideraran las necesidades del otro, así como en donaciones o regalos para suplirlas en la inmediatez. Poco se sabía, en ese entonces, de planeación participativa, estratégica, de largo plazo o de la idea de desarrollo sostenible, así que todo partía de la buena voluntad de un gerente con las mejores intenciones, y ya está.

 

Estoy convencida de que no deberíamos juzgar nuestro pasado con los ojos del presente, eran otros tiempos para la humanidad. Pero eso sí ¡cómo me alegra que hayamos superado esos tiempos! Esta etapa de desconexión entre los otros (las comunidades) y el Yo (las empresas), no solamente estuvo enmarcada en la filantropía, sino que llevó a abusos, conflictos, desplazamientos, pérdida de tierras y, obviamente, fracaso de algunos negocios. Esta situación de crisis inició el movimiento hacia una etapa con más y mejores reglas para relacionarse con el otro: nos movimos hacia Dos.

 

2… La etapa de los estándares:

En las últimas dos décadas (aunque obviamente toco comenzó desde antes) todos nos hemos ido haciendo más y más conscientes de que somos sujetos de derechos y vamos incorporando la capacidad de ejercerlos en todos los ámbitos. Este ejercicio lleva al reconocimiento, por parte del Estado y del sector privado, de que esos otros que antes parecían extraños, incontenidos y caóticos, eran realmente comunidades organizadas, grupos de personas y familias en ejercicio de sus libertades,  idea que ha evolucionado para poner  a las personas y las empresas en un lugar de mayor igualdad, no así de mayor equidad, pero poco a poco las empresas van poniendo a las comunidades locales en segunda persona, y la conversación se mueve hacia el tú y el ustedes frente al yo, la primera persona del negocio. En esta posición, el tú y el ustedes le dan un carácter humano al otro, le da legitimidad, y el Yo se siente más seguro al abordar al otro.

 

Los resultados adversos del enfoque de filantropía llevaron al desarrollo de estándares, políticas, mejores prácticas y una serie de reglas del juego para el relacionamiento entre empresas y comunidades, para demarcar las conversaciones con el fin de mantenerlas en la cancha de los derechos. Surgen así, iniciativas como los Principios Voluntarios en Seguridad y Derechos Humanos; los principios de Ruggie y de la ONU sobre empresas y Derechos Humanos; las declaraciones del International Council on Mining and Metals (ICMM) sobre minería y pueblos indígenas, manejo del agua, transparencia, áreas protegidas, cambio climático, entre otras. Agencias para el desarrollo como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y otras entidades del mundo financiero como la Corporación Financiera Internacional (IFC) con sus estándares y normas de desempeño para la sostenibilidad ambiental y social, los cuales han establecido reglas más estrictas de gestión social (y ambiental) para financiar grandes proyectos y monitorear su cumplimiento, so pena de sanciones o negación de préstamos en el futuro. Son incontables las iniciativas para estandarizar el desempeño social y enmarcarlo en el reconocimiento y el respeto de los Derechos Humanos y los derechos legales de las partes, y que haya un referente más claro para el relacionamiento, las conversaciones, las negociaciones entre ustedes (segunda persona, las comunidades) y yo (primera persona, la empresa).

 

En el modelo actual de estándares, se comienza a dar lugar a la segunda persona, surge un nosotros, el reconocimiento de que hay un mundo común entre empresas y comunidades por los intereses en el mismo territorio, por los derechos de las comunidades sobre éste y sobre su propia determinación, y por el derecho legal de las empresas a ejecutar los proyectos.

 

 

Sin duda, este enfoque ha contribuido a reducir los abusos, los conflictos y también la resistencia de las comunidades al desarrollo de proyectos en su territorio. También ha propiciado la generación de una mayor consciencia sobre los derechos de las personas y las comunidades, y cómo generar espacios para su ejercicio en la relación con la empresa. El desempeño social es ahora una disciplina con un lugar en creciente posicionamiento al interior de las organizaciones, con mayor profesionalización y, cada vez, con mayor participación en la toma de decisiones de negocio, y las voces de las comunidades tienen ahora un lugar en dichas decisiones.

 

Sin embargo (si, efectivamente venía un pero…), existen aún altos niveles de insatisfacción en las comunidades, y los conflictos socio-ambientales relacionados con el desarrollo de la industria extractiva no cesan, todavía hay empresas que no se acogen totalmente a los estándares por considerar, en un temor más bien infundado, que éstos pueden llegar a afectar el ejercicio pleno del negocio y, por ende, sus réditos económicos.

 

Ambas partes tienen razón, hay verdad en cada una de las posiciones. La insatisfacción de las comunidades en gran parte viene de que la alta estandarización del relacionamiento deja muy poco lugar a lo humano, a una verdadera conversación significativa, a un diálogo de pares, a una construcción conjunta; además que se ha convertido en la justificación perfecta para cualquier impacto, pues siempre y cuando esté dentro de los límites establecidos, así sea cerca del borde externo de la cancha, todavía se vale. Las comunidades siguen viendo cómo la presencia de grandes operaciones en sus regiones, continúan sin dar resultados para el desarrollo regional, entre tanto, se mantienen (y empeoran) las condiciones de pobreza. Las personas no se sienten escuchadas, por lo cual, surge una necesidad de reclamar. -Al mismo tiempo, las empresas ven cómo la implementación de altos estándares tiene costos en tiempo y recursos (humanos y financieros), pero no necesariamente ven resultados inmediatos, no se reduce el descontento la reputación no siempre mejora, y la productividad sigue siendo la misma. Entonces, viene la pregunta, ¿Y qué sentido tienen los estándares?

 

Otra de las grandes limitantes de este enfoque es que se ha interpretado desde la perspectiva de los riesgos hacia el negocio, lo que ha implicado que los estándares se han utilizado como “blindaje” (en términos del negocio) para las operaciones, o que de nuevo lleva la conversación al Yo Vs un Ustedes normado, pero con poco espacio para la construcción y el ejercicio del nosotros.

 

Y no sobra decir que aún con unos altos requerimientos por parte de las organizaciones internacionales, hay empresas que han decidido no alinearse con los estándares y seguir desde una perspectiva Tres o incluso anterior, en la que todo vale para el desarrollo del negocio.

 

1… La perspectiva de la sintonía:

La sociedad ha evolucionado, el mundo ha cambiado a un ritmo vertiginoso. Marchas, protestas y clamores de las comunidades de países enteros se han movilizado con un objetivo: levantar su voz, ser escuchados, manifestar su descontento con la inequidad, la desigualdad, la exclusión. Diversos sectores tienen el mismo reclamo. Independientemente de la forma que toma la protesta y cómo asume su lugar en diferentes partes, en el fondo hay un pedido de inclusión. Pese a que ha habido oleadas de movimiento y luego calma, no parece que el movimiento vaya a cesar completamente hasta que no sean abordados honestamente los motivos y las causas de la insatisfacción y la inclusión.

 

 

En este contexto, los estándares son fundamentales pero insuficientes. Yo Vs Ustedes resulta aún más frustrante para ambas partes. Y no genera mayor inclusión en el desarrollo sostenible, ni facilita la ejecución de los proyectos y operaciones de la industria.

Así que ha llegado el momento de crear un espacio para el Nosotros, para la sintonía, la conexión en el marco del reconocimiento del elemento más simple: la humanidad. La perspectiva del riesgo hacia el negocio no es suficiente, como no sería suficiente moverse a una perspectiva únicamente social (algún lector habrá escuchado que “esto no es una ONG ni una agencia de desarrollo”). En el Nosotros, el Yo (la empresa) reconoce y actúa en función de su objetivo, ser un negocio productivo; se da lugar a las comunidades, el Ustedes, para que asuman e incorporen sus derechos y los ejerzan en la toma de decisiones. Además, se reconocen las realidades del contexto, se evidencian las inequidades, y la conversación gira en torno a co-construir la idea y las acciones para un desarrollo sostenible integral en incluyente.

 

Y en el nosotros se comprende el lugar de cada una de las partes y su rol para catalizar el desarrollo regional e integrar los esfuerzos con el fin de atender y conectar los objetivos de cada uno.

 

En Nosotros se legitima al otro en su lugar y sus derechos, se crea espacio para escuchar todas las voces, para la diferencia y el conflicto, y el movimiento y la creatividad que posibilita. Para llegar al nosotros, es fundamental incluir, fortalecer y mantener las etapas previas, la filantropía y los estándares, y trascender hacia la conexión y la sintonía, para humanizar nuestra práctica social.

¿Dónde se encuentra su empresa hoy? ¿Cómo sintonizar y ser catalizador del desarrollo? Nuestro próximo blog profundiza en este tema. Nos vemos pronto.

 

 

 

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Un Comentario

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    diciembre 26, 2021 at 2:22 pm

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